El Reverendo Padre Pedro Sánchez Acosta, TOR, de 78 años, miembro de los Frailes Franciscanos de la Tercera Orden Regular (TOR), Viceprovincia de Santa María de Guadalupe, México, fue visitado por la hermana muerte corporal el domingo 2 de febrero de 2025, Fiesta de la Presentación del Señor y Día de la Vida Consagrada.
Hijo de Pedro y Catalina, nació el 2 de junio de 1946 en Inca, localidad de la Isla de Mallorca (España). A los once años ingresó en la Tercera Orden Regular de San Francisco de Asís, donde profesó solemnemente el 4 de octubre de 1972, en la Porciúncula, Mallorca.
Realizó sus estudios teológicos en el Seminario Franciscano TOR de Palma de Mallorca y, a los veintiséis años, recibió el Orden sagrado del presbiterado por imposición de manos de S.E. Mons. Francisco Planas, el 7 de diciembre de 1972, vísperas de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María.
El 13 de mayo de 1973 fue enviado a la Ciudad de México, donde permaneció como vicario en la Parroquia de la Divina Providencia, colonia Moctezuma, hasta 1979, año en que solicitó tener una experiencia como misionero en Huamachuco, Perú. De 1980 a 1983 fue vicario de la Parroquia de San Pío Décimo, colonia Moctezuma; de 1983 a 1993, nuevamente vicario de la Parroquia de la Divina Providencia; y desde 1993 hasta el momento de su fallecimiento, vicario de la Parroquia de los Santos Reyes, colonia Peñón de los Baños. En esta última parroquia desarrolló una amplia y fecunda labor apostólica y socio-caritativa.
En 2017 publicó el libro Para sanar, liberar y exorcizar. 20 años de experiencia, editado por la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), donde el Padre Pedro compartió su testimonio y la historia del grupo de oración que fundó junto a María Teresa Ochoa. De sus propias palabras destacan las siguientes líneas:
“En 1993 conocí a María Teresa Ochoa al asistir a una religiosa canadiense muy enferma y sin recursos, sor Cecilia. En agosto de 1994, Jesús, con María Teresa, nos hizo iniciar un grupo de oración; ella ayunaba y oraba tres horas diarias delante de Jesús Eucaristía. Así confirmamos que Él nos enviaba a sanar a sus enfermos en este nuevo grupo. Pronto más de doscientas personas vinieron con nosotros a orar; elegimos a treinta de entre ellas para formarlas como auxiliares de sanación. Sorprendidos de la rapidez con que Jesús nos enviaba tanta gente —en un par de meses rebasamos los trescientos asistentes—, nos dedicamos a evangelizarlas y a pedirle a Jesús que las sanara, siguiendo el ejemplo de nuestros maestros en esta Pastoral de la Caridad: el P. Emiliano Tardif y los Misioneros del Espíritu Santo, el P. Hermenegildo Pérez Badillo y el Hno. Rubén Cáceres Ojeda. Aprendimos que debíamos orar largo tiempo ante Jesús Eucaristía; mientras el grupo de auxiliares enseñaba a las personas por qué y cómo confesarse, yo dedicaba casi ocho horas cada tercer día a confesar, celebrar misas, rezar el Santo Rosario y adorar al Santísimo Sacramento. Maravillados, descubrimos cómo Jesús tiene prisa por demostrarnos su amor, cómo devuelve la paz, la esperanza y la alegría en cualquier etapa y ámbito de nuestras vidas.”
“En noviembre de 1996, el Señor Jesús nos dijo: ‘Si quieren más milagros, deben dar de comer y vestir a mis pobres. Deben hacer obras de misericordia, obras de reparación, las más que puedan’. Y así comenzamos, dando de comer a unas cincuenta personas.”
“Después de veintidós años ininterrumpidos, no sólo damos de comer, sino que también ayudamos a vestir a muchos necesitados; les brindamos atención médica, baños, cortes de cabello, lentes, bastones y muletas, y lavamos los pies de los enfermos. Pagamos escuelas, rentas de vivienda, intervenciones quirúrgicas; los ayudamos a bien morir con dignidad, los evangelizamos, impartimos sacramentos, los escuchamos y acompañamos. Así, en los Viernes de Misericordia de la Capilla de San Felipe de Jesús atendemos a más de mil personas: el 70% vive en la calle y el 30% son adultos mayores en situación de pobreza.”
En 2001, el Señor lo llamó al ministerio del exorcistado, recibiendo el nombramiento de manos del Cardenal Norberto Rivera Carrera, a petición de Mons. Felipe Tejeda García, M.Sp.S., obispo de la Tercera Vicaría de la Ciudad de México. En ese contexto, María Teresa Ochoa fue reconocida como auxiliar de exorcista.
En 2004 participó en el Primer Congreso Nacional de Exorcistas en la Ciudad de México, organizado por el Pbro. Pedro Mendoza Pantoja, coordinador arquidiocesano de exorcistas. En esa ocasión impartió su primera conferencia junto al P. Giancarlo Gramolazzo, presidente mundial de los exorcistas. Participaron 385 personas, entre exorcistas y colaboradores (160 sacerdotes y 225 laicos) provenientes de México, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, Filipinas, Canadá y Estados Unidos. Posteriormente participó también en los dos congresos siguientes.
El 15 de agosto de 2011, el Cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, otorgó el decreto que erige oficialmente el grupo apostólico La Casa de María Inmaculada, Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes–Nuestra Señora de Guadalupe, cuya misión principal son las obras de misericordia. Los miembros del grupo pertenecen a la Archicofradía Universal de Santa María de Guadalupe como archicofrades. Desde diciembre de 2011, han desarrollado obras de misericordia dentro de la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe, incluyendo un comedor diario para peregrinos (con un mínimo de 500 comidas al día) y una lavandería al servicio de diversas comunidades de vida consagrada del santuario.
Asimismo, en 2016 establecieron un taller de costura que confeccionó las albas, estolas y casullas utilizadas durante la visita del Papa Francisco a México.
En diciembre de 2016, iniciaron otra obra de misericordia dentro de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México: un comedor para personas en situación de calle, donde atienden en cada servicio a unas 500 personas, ampliando constantemente los servicios ante la creciente necesidad. Durante quince años también prestó servicio como hospitalario en el Santuario de la Virgen María Inmaculada de Lourdes (Francia), colaborando en diferentes áreas de atención a peregrinos.
“Jesús nos ha formado en este ministerio, del cual siempre nos hemos considerado aprendices. Atendemos a cientos de personas cada mes -entre ellas sacerdotes y obispos- que buscan sanación, liberación y conversión, y que luego se integran activamente a la vida parroquial y eclesial. Hemos recorrido muchos lugares de México, Estados Unidos, España, Francia, Polonia e Italia, dando retiros, evangelizando por radio y televisión, y sirviendo a personas de toda condición social y credo. Hemos visto el amor inmenso de Dios por sus criaturas y por su Iglesia. Nuestro Señor Jesucristo nos ha hecho testigos de su compasión y de su gloria; eso es lo que deseamos transmitir de la manera más sencilla y directa posible.”
La vida y obra del Padre Pedro Sánchez Acosta, TOR, son un testimonio fiel del carisma franciscano de la Tercera Orden Regular y de su profundo amor a María Santísima.
El lunes 3 de febrero se celebró la Misa exequial en las Criptas de la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe, presidida por el M. Iltre. Canónigo Mons. Enrique Glennie Graue, y concelebrada por el Ministro Provincial, Fr. Mauricio Alarcón Martínez, TOR, junto a hermanos de la Orden, miembros del Cabildo de Guadalupe, monjas franciscanas TOR, frailes en formación inicial, fieles y colaboradores de la Casa de María Inmaculada.
Las cenizas de nuestro querido Fr. Pedro Sánchez Acosta, TOR, descansan bajo el amparo de Santa María de Guadalupe:
“Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.”
(Lc 2, 29-32)

